Cuando algo muere, algo nace... asi funciona este ciclo inevitable: El colectivo es eterno; el individuo, mortal.

domingo, 3 de julio de 2016

Crónica Final I


Hoy es un día clave


Hoy comienzo esta crónica que me servirá de autoayuda. Canalizar el dolor mediante la pluma, mientras mis dedos teclean frenéticamente mi alma se desprende de esta pesada carga.

Sólo pido la entereza necesaria para rubricar el final, así como tuve la valentía de abrazar el inicio y dar una oportunidad a todo aquel que la mereció. Si por algo se ha caracterizado mi vida es por hacer alarde de un concepto de justicia frío y equidistante. No hay corrección política ni en mi pluma ni en mi voz. Considero la corrección política un cáncer para la expresión artística.

 Esta historia de la que escribo hoy esta crónica, como rúbrica final, comenzó hace cinco años. Qué digo cinco, siete si contamos todo contacto previo con la Dama Carmesí (este es el nombre con el que me referiré a ella en sucesivas entregas, como protección a su intimidad). Los inicios no fueron fáciles y estuvieron especialmente marcados por el rechazo. Muy a colación de esto, aprovecho para refutar en lo que a mi concierne aquello de "los extremos se atraen". Hubiera sido bonito que ese mantra hubiese acompañado mi vida, como un gesto poético de rebeldía ante el destino. Pero no ha sido así, y cuando llega el final de una historia así lo hace también la credibilidad de sus versos.

 La Dama Carmesí ha sido como un tenue reflejo de inspiración en un lago claro, fuente de inspiración que ha sobrevolado este blog desde su creación. No siempre fue para bien, pero fue una presencia inspiradora sin lugar a dudas y de eso debo dejar constancia. Mi concepto de justicia, como dije antes, es frío y equidistante, incluso en aquellas situaciones en las que me perjudica.

 Todo comenzó con un tenue rechazo. La Dama Dorada (esta es otra persona importante para la historia, nuevamente en anonimato) fue una de las principales artífices de que ese rechazo se convirtiese paulatinamente en atracción. Su amistad también fue muy importante para mí, pero si algo me ha demostrado la vida es que muy poca gente permanece al lado de alguien como yo en la adversidad. No fue la excepción. Pero volvamos a la crónica. La Dama Dorada fue la principal artífice de la amistad con la Dama Carmesí, pero ciertamente la posterior atracción fue producto de nuestra propia cosecha. Fue todo muy fugaz, apenas puedo recordar qué provocó el desenlace. Eso me recuerda que la primera ocurrencia de la "Dama Carmesí" al confirmar que estábamos juntos fue escribírselo en SMS a su ex (nota para mí en el futuro). Es cierto que en algunos momentos la apoyé en situaciones delicadas, pero conforme avanzaron los años me he dado cuenta que la mayor parte de lo que le ocurrió probablemente no fue fortuito. Claro siempre tuve tendencia a creerla a ella, a tomarla como un ser desvalido en torno al cual se cernían los males del mundo de modo injusto. Hoy puedo decir que eso no fue exactamente así, que las personas atraemos la desgracia con nuestros actos, con nuestra falta de seriedad, con nuestra frivolidad y con nuestro egoísmo.

 Yo era primerizo. No es fácil reconocer esto, pero mi vida sentimental fue un desierto absoluto hasta conocerla a ella. Volviendo la vista atrás, no sabría decirle al lector qué es más desolador: Si aquel desierto de arenas solitarias o las ruinas que han quedado tras esta relación. No sé si volveré a amar y de ser así la persona tendrá que ser muy especial, esta vez sí. No necesito que sea perfecta (como se me ha demandado a mi durante estos cinco años). Soy un enemigo de la perfección, la perfección es aburrida, fría, estática... mortecina. No, no necesito a una persona perfecta, es suficiente con una persona que sea especial para mí. Una persona con la que yo sea feliz, a la que mis peculiaridades no le parezcan "frikis", a la que no le importe lo que digan los demás, que tenga sus propias particularidades y no sea un maniquí estereotípico de lo que debe ser una chica "cool" moderna.

 Quizá algún día. Esta vez no voy a forzar las cosas. He aprendido mucho de esta relación en relación a lo que yo quiero... a lo que necesito en mi vida. Sé que lo pasaré mal los próximos días, meses o años. Creo que me dedicaré al estudio y a arreglar otros campos deficitarios de mi vida. Ahora que la Dama Carmesí se ha ido, puedo volver a cuidarme a mi antojo cuando esté preparado, sin tener esa sensación de que soy el único que se esfuerza por estar sano y resultar atractivo físicamente. Todo vendrá rodado desde ese punto, desde el punto en el que me consagre a mi propia salud y a mis estudios. Algún día recogeré los frutos de estas empresas, pero eso es material para otra entrada.

 Mi padre siempre me dijo, ya desde el primer día, aquello de "Primer amor, primer dolor". Siempre lo consideré un agorero por ello, pero ahora que soy libre de nuevo caigo en la cuenta de que tiene 30 años más de experiencia que yo en la vida. Tampoco busco que "me lluevan las mujeres", en eso sigo pensando que se equivoca. Prefiero calidad que cantidad, me vale una sóla mujer inteligente y culta a la que le resulte igual de divertido dar un paseo a la luz de la luna que sentarse a echar una partida a la consola con su novio. No necesito estar rodeado, no me siento un "Dandy" ni he pretendido nunca serlo. Incluso aunque me ponga en forma no me sentiré un "Sex Symbol" y, de hecho, me repugna la idea de rodearme de chicas de buen ver que no sean más que carcasas vacías amantes del espejo y la ropa. No, una persona con la que comartir tu vida debe como mínimo compartir tus inquietudes.

 Así, cuando todo esto comenzó, me doy cuenta que ya estaba destinado a fracasar. Quizá sea mejor un corazón herido que toda una vida encadenado. Quién sabe...

 Lo que sí es cierto es que fueron buenos años, lo pasé bien en el plano vital y sobretodo aprendí que una mujer puede quererme con pasión. Mis probables fallos son bastante sencillos de remediar: Basta con conectar de verdad con la próxima persona. Sentirme no sólo abrazado y besado, sino también comprendido, unido... basta con que ame mi vida con esa persona igual que amo mi vida en solitario. He comprendido que, si bien la primera impresión es importante, no lo es menos todo lo que viene después. He bajado mucho el listón (o subido, según como se mire), ya no sólo deseo a esa idílica mujer bonita por la que todo el local babea, sino a una persona con la que pueda hablar de cosas que me apasionan sin que ponga el "Standby" porque le resultan aburridas, una mujer con la que pueda conversar de muchas cosas, una mujer con la que soñar, con la que hipotetizar. Una mujer inteligente, culta, amante de los debates, con opiniones formadas hasta sobre los temas más inverosímiles, una mujer con la que pueda vivir mi vida y formar una familia, con la que yo esté a gusto.

 ¿Y si esa mujer no existe o nunca llega? ¿Qué? Bueno, dudo que no exista alguien que cumpla alguno de estos mínimos en todo el país (o en el mundo). Pero si nunca diese con ella, tengo familia. Cultivaré amistades adecuadas a mis inquietudes. No estoy sólo, vivir sólo no implica estarlo. Es cierto que la vida pasa, pero en la sociedad moderna ya no hay un único modo de concluirla.

 Fueron buenos años, pero el final de esta cronica estaba predestinado. Agradezco de corazón a todas las personas que mostraron su escepticismo desde el primer día, pero tenía que probarlo. Tenía que probar esto, tenía que llevarlo hasta su máximo apogeo independientemente del final. No me arrepiento de nada, ni siquiera de que me hayan hecho pedazos el corazón tantas veces jugando con el "hemos terminado" que al final quedaba en nada. No me arrepiento de haber muerto cada vez que todo parecía acabarse, hasta que cuando se ha acabado de verdad he respondido con la misma frialdad que un cadáver. Porque es eso lo que soy, un cadáver sentimental producto del chantaje emocional, del capricho ajeno y de la falta de seriedad. Si, han jugado conmigo, este corazón ha sido objeto de los malabarismos más insospechados, más inverosímiles. Pero se acabó y en el mejor momento, ya que ahora puedo afrontar esto con la coraza de tantas veces falsas. De tantas soluciones extemas a problemas sencillos. De tanta frivolidad a la hora de tratar las discrepancias, de tanto desprecio...

 Hoy es un día clave. Esta tarde firmaré la crónica de una historia, el final de este bolero de altibajos. Lo haré con la verdad por delante, sin rencores ni reprimendas. No hay vuelta atrás, al menos no para mi. Soy una persona seria pero, sobretodo, soy una persona libre. Y la libertad es algo que ninguna persona tiene derecho a quitarme bajo ningún tipo de chantaje o amenaza.


Continuaré esta crónica cuando me vea con fuerzas para ello, tras afianzar esta nueva etapa. No me importa lo que piensen los demás o a quien culpabilicen de la ruptura. La sociedad es prejuiciosa, distante y está llena de estereotipos. No soy yo quien decidió acabar con esta historia. Me han dejado, si, y lo digo con un enorme orgullo. Lo digo con dignidad pese a mi enorme pesar. Porque es la otra persona la que ha perdido algo, es ella la que tomó esta decisión peregrina ante un problema realmente sencillo. Y ahora ha perdido a un hombre leal, que jamás la utilizó, que siempre fue justo.

 La sociedad es libre de elaborar intrincados razonamientos para defender a la parte que creen más débil. Porque la sociedad es débil, a la sociedad no le gustan las personas que escriben este tipo de versos de superación. La sociedad es envidiosa. La sociedad nos quiere ver aplastados y dolientes.


 Pero eso no va a ocurrir. No en este caso:

"Y resurgiré de este manto cenizo como un fénix que se eleva más alto aún. Si antes alcancé el cielo, ahora ascenderé hasta las estrellas..."

sábado, 2 de julio de 2016

Ouróboros


- Hoy quiero hablarles de esta palabra, en una metáfora directa a lo que espero de la vida. Este blog sigue esta filosofía milenaria incluso desde antes de que lo inaugurara allá por el 2012, con su encabezado que reza "Cuando algo muere, algo nace...". El ouróboros representa un lagarto, serpiente o dragón que engulle su propia cola, en una referencia clara y directa a un círculo. El círculo representa la continuidad absoluta, el ciclo inevitable, el destino. El Ouróboros se ha hecho presente hoy más que nunca en la vida de este caballero de pluma y tintero, su humilde servidor. El que escribe estas líneas.

 Avanzando por senderos cada vez más oscuros, una mazmorra impenetrable, la búsqueda de una compañía para la eternidad, encontré sin embargo al final del camino una serpiente tragandose su propia cola. El final que anuncia un nuevo comienzo, la destrucción que deja paso a una nueva creación. Soy libre, si, pero el precio a pagar es la soledad, el duelo y la incomprensión. Tal es la voluntad del laberinto, de la mente y del corazón.

 Durante todos estos años viví una quimera, inocente de mí creí que el ciclo próximo sería el definitivo. Pero me equivocaba y en gran manera... ¿Cómo describir lo que llevo padeciendo este último año? ¿Cómo describir el látigo serpentino que me azotaba anunciándome, ya desde enero, que se acercaba el final de este ciclo? Si algo me ha demostrado esta situación es que nada es eterno, todo muere para dar comienzo a nuevos ciclos. Cada momento, cada vivencia, cada logro no es más que un pequeño ciclo dentro del gran ciclo de la vida que se cerrará cuando llegue su momento.

 No sabría decir si el caballero estuvo triste o alegre de contemplar esa serpiente enroscada. Por un lado, su oquedad central anunciaba la fría muerte de una historia, la rúbrica final de un poema, la portada de una leyenda. Por otro lado, su circunferencia le indicaba que todo volvería a empezar, que habría más oportunidades. Que aquello no era el final (¡ni mucho menos!), que sólo era otra lección más de su larga vida...

 Y así, hoy el caballero abraza nuevamente en mi nombre el signo del Ouróboros, ese círculo eterno y vicioso que evita el final pero destruye cada historia. No puedes ver la cola del reptil, pero si la cabeza que la engulle, anunciando con mirada viperina que la historia se repetirá irremediablemente. Así debe ser, pues así está escrito.

 Historias de soledad y compañía, historias de libertad y plenitud. Historias que se suceden una a la otra como extremos apegados a un ciclo ignoto, pero de leyes universales. Hoy vuelvo a estar sólo, pero el Ouróboros anuncia que no será para siempre. Nada es para siempre. Ni los familiares que he perdido, ni los sueños que he cumplido, ni las promesas que me han hecho. Todo muere, pero al mismo tiempo, todo nace. Un ciclo eterno que pesa sobre todos los mortales como una pesada cadena que arrastramos dolosamente, pero que de algún modo nos mantiene unidos a la vida.

 Hoy es un dia triste para mi, pero no durará. La serpiente anunció este ocaso, y también un nuevo amanecer. Pronto todo cambiará, con el nuevo ciclo. Y así será hasta que el caballero envejezca y su pelo se halle nevado por las nubes de la edad. Así será hasta que el caballero quede sólo o deje sóla a otra persona... si la dama de cabellos ardientes y mirada plateada no era la indicada, ¿Quien será? ¿Cuándo llegará? ¿Cómo lo hará?

 Eso piensa el caballero, mientras se quita su yelmo y envaina su arma. Mientras prepara el escudo para resistir el empuje de la depresión y la soledad. Eso piensa el noble caballero mientras recoge la llave de la oscura mazmorra que un día fue clara, donde un día se elevaron árboles de hojas rosadas y hoy sólo quedan las retorcidas raíces de aquel árbol donde rubricó su amor con la punta de su hoja. Y en ella pudo leer su realidad:


 "El Ouróboros... el ouróboros nos dará un inicio, así como hoy dió muerte a este ciclo. El Ouróboros proveerá. Nada muere para siempre, nada vive para siempre. Pero en esa alternancia, el ciclo se vuelve eterno. Hasta que el ciclo mayor termine. Tal es la voluntad eterna y cíclica del Ouróboros..."


sábado, 31 de mayo de 2014

Nuevo Amanecer


- Querido lector. Hace poco menos de 5 años comencé este blog, en el cual he ido expresando una larga letanía... no, más bien compartiendo una larga letanía de sentimientos que me acompañaron durante una de las etapas más brillantes de mi vida. No es para menos, ya que levanté una carrera universitaria echada a perder por el pesimismo, superé una terrible depresión a causa de mi físico mediante esfuerzo y rutina, y conocí al amor de mi vida. Todo ello en un escaso lapso de 2-3 años.

 Si el lector ha ido siguiendo el blog, se habrá dado cuenta que poco a poco esa luz inicial se ha ido oscureciendo, retorciéndose así como lo hacía mi propia mente, marchitándose como mi propia vida. Así es, querido lector. Me costó mucho trabajo llegar al punto en el que estaba cuando escribí mi entrada "Camino a la Perfección", y tras alcanzar los objetivos que me había marcado me relajé.

 Esto ha probado ser el peor error que he cometido en mi vida. Si, debo reconocerlo, he cometido una gran estupidez. Hoy, como cualquier noche de fiesta, he salido pero por primera vez he visto lo que soy ahora. He caído en la cuenta de la ilusión en la que he vivido estos 2 últimos años.

 Ha sido de un modo realmente estúpido: Un amigo me ha tomado una foto, y no sé si el alcohol ha tenido algo que ver, pero por primera vez en mucho tiempo el espejo milagroso en el que me estaba mirando se ha roto, mostrándome entre sus añicos el reflejo de la decadencia. Lo que un día fuí, lo que ahora soy. Es culpa mía, ya que yo mismo elegí sin darme cuenta dejarme de lado. Olvidé la importancia de mantener mis logros, de cuidar mis objetivos. Cometí el enorme error de pensar que los trofeos de la vida son eternos una vez logrados. Pero me equivoqué. Nada es eterno. Y aunque suene irónico, me he dado cuenta muy tarde. ¿Mi peso ideal? Hace tiempo que cambió, y ahora me encuentro con que he vuelto a cuando empezó todo. Me da rabia, pero he de reconocerlo: Ya no soy el que solía ser. Hace tiempo abandoné ese camino a la perfección por las comodidades mundanas.

 He sido un ingenuo. Ahora me encuentro con que mi fuerza de voluntad está mellada, mi espíritu casi me ha abandonado, y mi autoestima está por los suelos.


 Claro que puedo volver a levantarme, y de hecho lo pienso hacer. Esta entrada lleva este título por una razón más allá de la casualidad. Quiero cambiar. Quiero volver a ser lo que fui. Quiero recuperar el camino del monje, del paladín: el códice del luchador que fui.

 Necesitaba darme cuenta de que he caído en desgracia. Y creo que esta noche he dado ese paso. No sé cuanto me llevará levantarme, pero conozco el camino. Sólo lo he olvidado durante mucho tiempo. Pero el camino sigue ahí. La fuerza de voluntad sigue oculta ahí. Y mi corazón sigue fuerte para lograrlo. Sé que puedo hacerlo.

 No sé sobre qué tendré que pasar para lograrlo. Pero debo cultivar la firme determinación que me hizo ser quien fui. Quien realmente quiero ser. Mi voluntad de poder, lo que he olvidado...


 Hoy ya es tarde, querido lector. No se puede hacer nada en pleno ocaso, pero si bien este marca el final de un día, de una etapa, queda el consuelo de que tras esta fría noche saldrá el sol de nuevo...

Ahora debo dormir: Un nuevo amanecer me aguarda...

lunes, 11 de noviembre de 2013

Empatía Salvaje


- Hoy es un gran día para mi. Muy grande si, porque me he dado cuenta de cosas muy importantes. He visto una luz importante en mi vida, y aunque sólo recuerde esto de mi carrera en el futuro, es lo suficientemente brillante como para considerar que ha merecido la pena. Una luz importante para todo veterinario que se precie es, como bien indica el título, entender que los animales (especialmente los mamíferos) son seres vivos como nosotros. Si bien no piensan sí que pueden llegar a sentir empatía en diferentes grados y desde luego sufren. Y no merecen el trato que en muchos casos se les dispensa. He comprendido que ser humano significa entender que no somos los únicos elegidos por Dios para caminar sobre la tierra, que hay muchas criaturas vivas como nosotros.

 Entender que sentir empatía no sólo por los miembros de mi especie, sino por el resto de mamíferos no me convierte en un animalista loco, sino en un ser mucho más humanizado.

 ¿Cómo ha ocurrido? En mi caso por pura terapia de shock. He comprendido con qué tipo de personas convivo a diario, cómo piensan (tratándo a sus mascotas incluso como juguetes reemplazables). He comprendido porqué no aprobé que mi novia adoptase un perro, y sin embargo lejos de despreciarlo le he ido cogiendo cariño al animal a pesar de verlo poco. En el fondo tenía miedo, porque siempre he sabido que una mascota es un ser vivo sintiente, y yo no soy lo suficientemente responsable para hacerme cargo. Siempre me aterró la idea de tener mascota por esta razón. Que sufra por mi culpa.

 Yo soy cristiano. Siempre lo he sido, además de verdad. Tengo fallos, pero corrijo. La vida de cualquier ser vivo tiene valor para mí, porque eso es lo que predica la religión original que profeso. Quizá haya sido alienada con los siglos por la Iglesia, pero tiendo a no guiarme por otros mortales. Para mi la vida de un animal, especialmente las mascotas, tiene un gran valor. No son juguetes.

 Y posiblemente, aunque la Iglesia quizá me excomulgaría por decirlo, posiblemente los animales también tengan almas menores. No iguales a las de un ser humano, pero sí almas. Y particularmente las mascotas mamíferas que tanto tiempo pasan con nosotros y tantos milenios llevan haciendo compañía a nuestra especie, sean las que más parecida tengan su alma a la nuestra.

 Al resto de animales de renta no puedo darles tal grado de empatía (aunque sí entiendo que sufren, y por tanto su sufrimiento debe reducirse al mínimo necesario para cubrir las necesidades humanas), pero a los animales de compañía sí que les reconozco tal empatía.


 Por eso llegar a mi casa, sentarme a contarle a mis siempre ambigüos padres mi ética sobre los animales y mi falta de comprensión del trato que algunos dueños dan a sus mascotas, y encontrarme con críticas a mi persona y palabras sobre "mi ignorancia" ante una empatía que ellos consideran absurda, me apena terriblemente. Mi padre particularmente considera "juguetes" a las mascotas. Sencillamente brutal. Y su única forma paupérrima de entenderme es pensar en que lo hago en defensa de mi trabajo. Por ganar más dinero. Mi padre opina que mi ética en contra del sufrimiento y contra la "eutanasia por comodidad" es con ánimo de lucro. Bárbaro.

 Pero es bueno saber con el tipo de personas que convives. Bellísimas cuando se trata de semejantes, pero crueles y despiadadas con respecto a los animales. Aunque debo agradecerles que tal vez gracias a esa tajante determinación en contra de una ética que yo considero "humana", gracias a que me muestren la monstruosa ética para con los animales que tienen muchas personas desgraciadamente, tal vez gracias a mi visión de ese relativismo moral tan sangrante que me han mostrado hoy mis propios padres, gracias a ello, he visto la luz. A veces debes girar la cabeza hacia la oscuridad del túnel que dejas atrás para ver que estás mucho más cerca que otras personas de la luz.


 ¿Sabes querido lector? He tenido enormes discusiones con antitaurinos, por poner un ejemplo. Enormes. Y hoy, me siento imbécil por haber defendido un punto tan hipócrita como aquel. Mención de agradecimiento a mi padre, que comparándome a las mascotas con el toro de lidia para mostrarme mi hipocresía, lo ha conseguido. He sido un hipócrita, y si para defender una postura más empática y humana con los animales he de abandonar ese pensamiento tradicional, que así sea. No digo que debamos hacernos todos vegetarianos, he visto varios mataderos y aunque durante muchos años me he negado a mi mismo las diferencias abismales entre una corrida y un matadero, he de decir que ahora las veo. No considero al toro de lidia más inteligente que a un perro, ni lo pongo a la altura de un ser humano. Pero sí reconozco que sufren, y mucho durante el festejo. Soy capaz de empatizar con ellos a ese nivel hoy, y de decir que nada tiene que ver la descarga de insensibilización que se da a las reses en matadero con la insensibilización por adrenalina y cansancio del ruedo (suponiendo que el sistema nervioso del toro de lidia decida evitar un dolor innecesario y apague los nociceptores).

 Por desgracia, nada me habría gustado más que poder defender el valor de la vida de un animal de compañía (perro o gato) sin tener que opinar sobre otros animales como el toro de lidia. Pero mi padre hoy me ha demostrado que, si tienes un pensamiento poco consistente en algunos puntos, puede acudir a él para quitarme la razón en otra cosa. Por la lógica reflexiva que me da el hecho de haber nacido en esta especie, debo formarme una opinión sólida en todos los sentidos. Y por eso me veo obligado, por simple racionalidad, a adoptar una postura similar para el toro de lidia. Asi que sí, el toro de lidia sufre y sí, las corridas de toros están mal (al margen de la tradición).

 Seguiré aún así con mi política de no censurarlo, no diré que deben prohibirse ni me pintaré de rojo delante de una plaza de toros. Lo que hoy ha cambiado es mi ética interna personal, que ha pasado de aprobar la tauromaquia por ser tradicional a desaprobarla por empatía hacia el animal.


 Nada me hubiese gustado más que poder poner todos mis principios en consonancia, pero después de que mi padre me diga que "me estoy volviendo tonto en la carrera" por opinar que los animales, igual que las personas, tienen una valiosa vida y que hay que empatizar con ellos, ha ajustado las piezas de mi puzle mental en consonancia. Y creo que del modo más sabio posible.

 Porque no tendría sentido que como veterinario... no, como ser humano racional, considerase una "fiesta divertida" las corridas de toros y una crueldad que unos niños metan un gato en una caja y le peguen una patada, ya que los niños también se divierten haciendo eso, y el animal también sufre.


 Para mi ha sido un gran paso personal que creo, me ha hecho mejorar como ser humano y salir de la ambigüedad previa. Y si esto debe ser llamado "deformación profesional", mejor que sea hacia la humanización personal. Comprender que no somos la única especie sobre la tierra nos hace más sabios, como en su día nos hizo más sabios reconocer que la tierra es redonda y no plana.

 Muchos adultos de hoy morirán sin saber que la tierra es redonda, y sin reconocer la diversidad de seres vivos que habitan la tierra CON nosotros, y no PARA nosotros.


 Ya ocurrió en tiempos, y hoy se dice que esas personas se quedaron en la edad media.

 Muchos en este nuevo punto se quedaran en el siglo XX. Ojalá no fuese así, pero así es. Cada uno elige en que siglo vivir y cuando dejar de adaptarse.


"Nada se puede enseñar a quien ya no quiere aprender"


domingo, 9 de junio de 2013

Susurros Oscuros I


- Bueno, en vistas a que llevo unas entradas muy tristes posteadas últimamente sobre mi vida, creo que voy a hacer algo que siempre quise hacer. Verás, querido lector, no es un secreto que una de mis mayores pasiones son los videojuegos, pero sin duda esto es algo muy genérico. No cualquier videojuego, sino los de género RPG. Y no cualquier RPG, sino los que componen la gran saga The Elder Scrolls. Concretamente 3: Morrowind, Oblivion y recientemente Skyrim.

 De morrowind ya escribí hace un tiempo un poema sobre Lord Indoril Nerevar, el héroe que encarnas en el mismo, pero ahora me gustaría hablar de un personaje creado íntegramente por mí y tan genial que aún me sorprende que pudiese salir de mi cabeza. Realmente lo pasé en grande con el, y orgullosamente diría que es el Rol que siempre he tenido en los juegos de esta saga desde Oblivion.

 ¿Por donde empezar? Bueno, creo que lo más acertado sería introducir primero al lector en el conocimiento de la familia bretona Shadowsmith ("Forjasombra"), pues su sangre corría por mi personaje y sus descendientes. Los Shadowsmith fueron una familia bretona originaria del continente salvaje de Akavir, aunque se cree que emigraron como todos los bretones desde Roca Alta, solo que esta emigración a diferencia se produjo hacía muchos años en el caso de esta familia, allá por la época de Jagar Tharn y el simulacro imperial durante la segunda-tercera era, y propiciada precisamente por la decadencia provocada en el imperio a causa del engañoso mago usurpador.

 Poco se sabe de sus orígenes o de cómo les fué en el continente de Akavir. Lo que si puedo contaros es que esta familia de mi invención ha estado siempre muy ligada a la oscuridad. Al príncipe demoníaco "Molag Bal" y al vampirismo en general, aunque en principio contraer la enfermedad fue simplemente una estrategia familiar para beneficiar su situación en Akavir. En aquellos tiempos la vida en Akavir no era fácil, y esto se manifiesta por las contínuas luchas entre los humanos y los nativos de Akavir: Una sociedad de serpientes antropomorfas y vampirescas que se alimentaban de humanos que cazaban. Pero lo hacían de manera tan abierta e impudorosa que los humanos que habitaban Akavir se cansaron de ellas y les declararon la guerra abierta.

 La guerra contra los Akavir duró años, y no es un secreto que la familia Shadowsmith combatió contra ellas. En algún momento uno de sus miembros contrajo la Hemofilia Porfiria, tambien llamada "Saines Sanguinus", y lo que en principio parecía una maldición enfermiza pronto se tornó de vital importancia gracias a las capacidades sobrenaturales que el vampirismo confirió al afectado, que animó al resto de la familia a buscar el contagio para, con aquel don de Molag Bal, luchar con ventaja contra las malignas serpientes que intentaban esclavizarlos.

 Precisamente a finales de esta guerra, en uno de los fuertes fronterizos al norte con Skyrim, el último miembro de la familia Shadowsmith luchaba aún por mantener el dominio de la humanidad junto a otros humanos de Akavir. Los cuchillas estaban muy ocupados por aquella época sirviendo de guardaespaldas al emperador Septim, y con ellos se había ido una gran parte del poderío militar de los humanos Akavir. Tan sólo miembros aislados permanecían defendiendo aún fuertes como aquel.

 Aquel Shadowsmith no recordaba su nombre cuando despertó. Recordaba que había sido soldado y había luchado hasta perder el conocimiento en el fuerte. El último ataque que recordaba de las serpientes Akavir había sido brutal y devastador, sobrepasando su capacidad defensiva por mucho. Recordaba como al Capitán Sungard lo habían degollado delante suya, y bebido su sangre. Recordaba  como habían atravesado el pecho de su compañero de escudos, un nórdico llamado Hjaldir. Recordaba en definitiva como uno por uno sus compañeros del fuerte habían sido masacrados. Aparentemente todos menos él. El sólo sintió un fuerte golpe en la cabeza mientras se refugiaba en la atalaya oeste. Era extraño, ya que se aseguró de que nadie lo había seguido hasta allí...

 Pero nada de eso importaba ahora, no. Ahora estaba sólo.

 Ataviado aún con sus ropas de soldado Akavir, tan sólo una capota y ropas raídas, se levantó en medio de una tundra fría. Pero no tan fría como Akavir. Aquello era soportable. Era de noche, y bajo la luz de la luna pudo contemplar el óxido de su espada y su hoja mellada. Lamentablemente hacía mucho que su familia apartó el vampirismo de sus vidas por ser considerado poco honorable.

 Una de tantas estupideces sobre el honor de la familia. A todo esto... ¿Qué familia? Ni siquiera lo recordaba a decir verdad. Sólo estaban ahora el, un sin nombre, y una espada mellada. Qué bien le habría venido el poder para detectar la sangre de las criaturas vivas para cazar algún animal en ese momento. Pero sus padres, su familia, desterraron hacía años el vampirismo de sus vidas y nunca consintieron que sus hijos lo contrajeran. Según ellos, "ningún poder podía compararse con la tranquilidad de un sueño reparador". Era cierto que su abuelo, un viejo aún "enfermo" de vampirismo, se levantaba muchas noches entre sudores fríos y terrores nocturnos. Y esa era sólo una de las razones que su familia directa argumentaba para abandonar el vampirismo y negarse a él.

 Si le preguntasen ahora mismo a aquel joven ataviado con harapos y con las heridas de la guerra tanto físicas como emocionales latiéndole aún con fuerza y sin saber ni donde estaba, probablemente este habría considerado estúpida la pregunta. El joven vagó durante largo tiempo, varias primaveras malviviendo entre bosques y comiendo frutos y algún animal que cazaba por métodos humanos.

 Vagó hacia el sur, huyendo del frío que hacia aún más crítica su situación. Si que debió golpearle fuerte lo que quiera que le golpeó en la atalaya, ya que por más que hizo memoria, jamás recordaría su nombre. Viviría al margen de su familia el resto de su vida, si bien sus descendientes algún dia estaban predestinados a encontrar sus raíces de nuevo.

 Este joven fué mi primer personaje, el personaje con el que jugué Oblivion. Más tarde, en su nómada existencia, cuando según sus cálculos se encontraba en las montañas de Jerall (frías pero no tanto como la Skyrim que llevaba tiempo atravesando), recibiría un sueño perturbador. En el, se le mostraba un ser óseo y oscuro. Este ser, que en principio confundió con Molag Bal o con algún resquicio genético del pasado vampírico de su familia, le reveló horrores que había pasado y otros tantos que aún estaban por llegar en su vida. De todos ellos él sería testigo, no víctima.

 El joven se estremeció en sueños durante aquella visión, y no fué sino hasta el final en el que, como si su cuerpo se hubiese adaptado a aquella oscuridad que rodeaba al ser, se sintió cómodo y confortable en aquel vacío, más de lo que había estado hacía mucho tiempo.

 El ser se percató de su cambio de actitud, y de su relajación actual, y se reveló en otro de esos sueños a él como Sithis, la encarnación del vacío absoluto, antagonista de todos los aedra y daedra.

 El ser prometió al joven aquella sensación de paz y confortabilidad que ahora sentía a cambio de su servicio. A cambio de su adoración hasta el final de los tiempos. Le dijo "Dirígete al manantial oscuro que se esconde al este de estas montañas, donde la verdad te será revelada y te daré un nuevo sentido". Un nuevo sentido a su vida, aquellas palabras sonaban como música después de haber estado vagando perdido sin saber siquiera quién era. No perdía nada por hacerlo, a fin de cuentas si lo que le esperaba era una muerte engañosa el ya estaba prácticamente muerto en vida.

 Tardó dos días en vislumbrar la luz carmesí que despedía un túmulo, bastante más lejos de lo que el esperaba encontrarlo. Entró a el a través de una puerta que estaba abierta. Una puerta de piedra.

Aquella puerta debía de ser lo más siniestro que vió en toda su vida. Sólo un loco se habría adentrado allí por su cuenta. Y quizá el era ese loco.

 Al entrar, para su sorpresa, no había nada. Nada peligroso. Sólo un lugar muy oscuro en cuyo centro atrapada entre dos rocas se encontraba una espada. Tardó tiempo en reconocer su forma, y tras hacerlo supo que estaba allí específicamente para él. Era una katana Akavir, pero con un aura especial en torno a ella. Al tocarla, Sithis le reveló su nombre: Akaviri no ryu, que en cirodílico se traduciría como "Hoja de Ébano". Pero no quedó ahí la cosa, sino que al tocarla Sithis le reveló también su propio nombre, o mejor dicho, le dió uno. Le dijo: "Heraldo de la oscuridad, esta hoja pertenece a la tejedora Mephala, pero por el poder que tengo sobre ella, yo te la otorgo a ti, Sithis Blade, mi heraldo hasta tu muerte".

 "Sithis Blade", literalmente "El Filo de Sithis". Aquello parecía más un título, un apodo que un nombre de verdad, pero en vistas a que aquel ser había sido "bondadoso" con el, de buena gana el joven asumió aquello como propio y desde aquellos últimos años en adelante sería conocido como "Sithis Blade", el hombre que vivió 270 años y llevó a la Hermandad Oscura hasta su apogeo más vívido. Pero no sería el, sino uno de sus descendientes, el que realmente obtendría la fama que su familia se merecía: El asesino de emperadores, con su poderosa y siniestra voz o Thu'um.

 Pero esa es otra historia. De momento sigamos hablando de su padre o su abuelo o sólo los nueve saben qué: Sithis Blade, mi primer personaje. Hablaremos de cómo obtuvo su longevidad, de cómo fué su vida y de qué le deparó el destino. De momento digamos que tras encontrar la Hoja de Ébano (que el siempre llamaría Akaviri no ryu en honor a sus raíces Akavir), descendió de las montañas de Jerall. Fué atacado por bandidos con los que estrenó su hoja, y esta tras probar su sangre encolerizó su cuerpo y lo dotó de tal energía que le hizo recorrer preso de una furia sangrienta toda la comarca de Bruma, ya en Cyrodiil. Durante su carrera una patrulla decidió perseguirlo tomándole por un perturbado antes de que hiciese algo. Pero uno de los guardias hizo algo que no debía al darle alcance: Desenfundar su arma. Sithis Blade aún controlaba la furia que le poseía mientras no sintiese peligros reales, pero la visión de esa hoja en manos del guardia liberó esa atadura, y pronto la Hoja de Ébano atravesó la armadura como si fuese mantequilla, ensartando al guardia.

 Pero como ya dije, no estaba solo. El resto de la patrulla alcanzaron a Sithis Blade no mucho después de presenciar el asesinato. En condiciones normales la Hoja de Ébano le dotaba de suficiente poder para matar a toda una patrulla, pero desde que la actividad nigromántica se había enardecido en Cyrodiil, las patrullas siempre llevaban un mago de batalla por si acaso. La hoja era altamente efectiva en el cuerpo a cuerpo, pero nada podía hacer ante un hechizo de parálisis bien apuntado.

 Sithis Blade sintió el latigazo mágico por todo su sistema nervioso, y cayó al suelo rígido como una tabla. Los guardias se apresuraron a retirarle la hoja y a amordazarlo.

 Cuando despertó estaba ya en la prisión de la ciudad imperial. Justo el momento en que yo tomo control de este carismático y misterioso personaje en el juego TES IV: Oblivion.


 Seguiré con la historia próximamente, en "Susurros Oscuros II". Gracias por leer.


domingo, 2 de junio de 2013

Presión


- Así es, querido lector. El título es simple, pero encierra un mundo de significados. Normalmente en esta época de exámenes tiendo a sentirme de entrada presionado y encadenado a una silla (como es normal y lógico). Si bien es cierto que desde que tengo pareja sin duda se ha intensificado mucho la presión que siento sobre mis hombros. La vida que llevo se ha vuelto sin duda más estresante que antes. Quizá no esté preparado para tener pareja después de todo.

 Pero no me gusta pensar en eso claro. Intento evadirme, ya que mi pareja muy a mi pesar lejos de ser una válvula de escape para mi estrés no es sino otro globo más a punto de estallarme en la cara en el momento menos propicio. Eso no es un piropo, claro que no, pero he aprendido a asumir que hay cosas que son así y que voy a tener que aguantar el resto de mi vida. Esa es una de las mayores muestras de amor que puedo profesar hacia una persona, elegir el camino difícil...

 Si, elegir el camino difícil. Aunque sea precisamente ella la que lo hace difícil al no respetar mis decisiones, no respetar que tengo muchas cosas en la vida que atender, no entender que el hecho de que la llame de buena gana e intente dirigirle buenas palabras no implica que yo esté bien. Ese es el camino que conduce a ella, lleno de sacrificios como todo en esta vida.


 ¿Cómo describir, cómo ilustrar mis sentimientos en este momento? La imagen del atlas que encabeza esta entrada es sin duda muy ilustrativa de por sí, pero ya que no la he dibujado yo, me gustaría aportar esa sensación con palabras en esta entrada:

 "Imagina un mundo gris en el que nunca sale el sol. Imagina un mundo oscuro en el que el frío te paraliza y el calor te agobia. Un mundo en el que nunca hace la temperatura adecuada y nunca puedes dormir bien porque la luna siempre está encapotada entre nubes grises. Imagina un lugar inundado de calima pesada y asfixiante que ni siquiera deja que tu cabeza esté en blanco por unos segundos. Un lugar donde miras por tu ventana y la hierba es gris, los árboles blanquecinos y el cielo muy muy negro. Un lugar donde te cuesta respirar, donde el suelo parece atraerte hacia el con mayor fuerza de la que la física convencional puede explicar mediante fórmulas. Un lugar en silencio, monótono, opresivo y asfixiante. Casi todos nos hemos sentido así en exámenes, pero ahora añádele el hecho de estar encadenado y encerrado en una habitación, y añádele la tortura de un móvil cuyas llamadas sólo sirven para nublar tu juicio e impedir que te sientas bien interiormente."

 ¿Se entiende ya mi sitación? Así es como yo me siento. Encadenado, atrapado y con un móvil que muchas veces como hoy sólo sirve para bombardear mi concentración e impedir que haga nada.

 No sé qué clase de mujeres hay en el mundo, y también me niego a mí mismo el simple hecho de conocerlas por pleno respeto a mi pareja. No hablo, no me acerco ni dejo que se me acerquen, y en muchos casos ni siquiera me lo paso bien ni soy natural en las pocas fiestas a las que asisto. ¿Y todo para qué? Por una persona que no me respeta a mí ni a mis decisiones, una persona que sólo parece querer oír lo que desea oír. ¿Qué puedo decir? No tengo excusas ni espero compasión.


 Intento refugiarme en el hecho de que todas las parejas son así, pero realmente me cuesta mucho creer esto al pié de la letra. Tal vez sólo sea que no somos las personas más adecuadas para estar juntas. No tengo ni idea. He luchado mucho por algo que parece una quimera, y cada vez me aferro más a ello, aún sabiendo que existen cosas en las que nunca nos vamos a entender.

 ¿Qué tiene de malo decidir lo que debes hacer con tu tiempo? ¿Acaso no es tu tiempo? Desde mi punto de vista es horrible que alguien intente manipular tu tiempo contra tu voluntad, y no refleja para mí amor, sino posesión. No obstante mi pareja opina justamente lo contrario, que eso es "natural" si quieres a alguien. No entiende que yo no veo amor en decirle "Quedate 2 semanas conmigo de vacaciones, a tus amigas que les den", sino posesión. Y no crea el lector que no se me pasan por la cabeza el tipo de juergas que 4 o 5 chicas (algunas solteras) puedan armar, con tios evidentemente de por medio. No piense el lector que no tendría los mismos o más motivos que ella para ser posesivo. Pero he elegido dejar de serlo si alguna vez lo fui. Ella es libre y yo también.

 Y nos conocemos de sobras, sé que ella es en cuanto a los tios buenos justo como yo debería ser en cuanto a las tías buenas. Si, lo sé, es raro y muchos de mis amigos se quedan flipados cuando ven que mientras ellos babean yo ni me he enterado de que ha pasado un pivón. Soy así de inocente, para mi la vida es algo más que ver un cuerpazo y pajote al canto (porque a catarla ni de coña). E incluso cuando me dicen "Has visto a..." muchas veces respondo "Bah, no es para tanto".

 Pero sé que mi novia no es así. Me costó entenderlo y cuando empezamos esta relación sufrí mucho más de lo que ha sufrido ella con todo lo que se crea. Y estoy tan seguro porque llegué a llorar y a arrancarme pelos de la cabeza, he vuelto a engordar por el estrés y he vuelto a darle mucho a los videojuegos como forma de evasión de la realidad. He vuelto a ser la misma persona estresada, agobiada e incomprendida que era antes de empezar con mi plan para adelgazar. Sólo conservo la seguridad en mi mismo que adquirí, pero al menos he conseguido entenderla a ella. Claro, ella dirá que no la entiendo ¿Qué va a decir?, pero si nos ceñimos a la realidad lo cierto es que nuestros temas de disusión han cambiado radicalmente de objetivos. Y ahora es ella la que se queja.


 ¿Quién ha dado más por esta relación? No lo sé. Puedo ceñirme a la realidad, y la realidad es que cuando empezamos yo sólo la veía como una amiga (nunca he tenido pareja, ¿cómo iba a aprender si no?), y no me gustaban ni sus vicios, ni su actitud, ni nada de ella que se saliese de su carácter aparentemente afable. Ahora la quiero mucho más de lo que en su día podía haberme imaginado, a pesar de que su carácter no es ni por asomo tan afable como entonces.

 Ignoro su versión de esto, tampoco pretendo restarle importancia, si bien es cierto que yo intento siempre ser afable con ella (salvo cuando me saca de quicio). Paso por alto demasiadas cosas, pero ¿Qué puedo hacer?. Es una de las muestras de amor que yo doy. Cuando deje de soportarla habré dejado de quererla, y entonces no discutiré más. Simplemente seguiré el camino fácil...

...y espero que ese día nunca llegue. Aunque no sé si en el fondo es lo que yo deseo.


sábado, 18 de mayo de 2013

Corazón Pétreo


- He de reconocer que hoy me he sentido como hacía tiempo que no me sentía. Supongo que sólo son tonterías, y así lo quiero creer. Supongo que hace demasiado tiempo que he perdido la luz del sol de vista. No sabría decirte, pero en muchos momentos renuevo aquella sensación. La vivo nítidamente en mi interior ¿sabes?.

 Oh, si, ya lo creo que en apariencia nada de lo que me dicen me afecta, pero las palabras viles se clavan en mi alma como afilados alfileres.

 Hay personas que aprovechan cualquier circunstancia para afirmar que son más que tú. O que merecen más crédito que tú. Por desgracia soy pésimo en la vida en este sentido, aunque parezca muchas veces lo contrario. Cualquiera sabe cómo decirme que merece más que yo o que es más que yo, como hoy en la fiesta a la que he asistido. Cualquier excusa es buena.

 Escribo esta entrada por una vez más que para el posible lector, para mí mismo. Claro, tienen derecho a decirte que están pagando por estar en una residencia y que yo no soy quien para aconsejar lo que debería hacerse ahí. Es su terreno, y por desgracia gusto mucho de jugar con esas reglas. Las reglas del terreno ajeno. Mi vida siempre se juega en campo rival, porque es así como me hago más fuerte.

 Escribo esta entrada para recordarme a mí mismo que en mi terreno lo tengo todo ganado. Nadie es capaz de ganarme ahí, y precisamente por eso me aburre hacer las cosas asi. Hay gente que parece regocijarse diciéndote "Esta es mi casa, aquí no tienes opinión y deberías arrodillarte", pero yo digo, ¿Qué reto supone eso? Está bien, este es tu campo, y lo conoces mejor que nadie pero... ¿Qué honorabilidad hay en ganar a alguien jugando en tu casa? Puestos a decir, diría que SU residencia se encuentra en MI ciudad, la ciudad donde llevo viviendo desde mucho antes de que algunos mequetrefes nacieran. Pero no hallo el placer que algunos si parecen encontrar en este tipo de razonamientos. Prefiero entrar en sus campos, entenderlos y machacarles desde dentro si es posible.

 Puedo perder, pero siempre me quedará mi propio terreno para resguardarme y prepararme para la próxima batalla. "Este es mi cuarto y tu no eres nadie aquí", que bien quedan esas cobardes palabras en boca de algunos que aprovechan ese tipo de situaciones para vanagloriarse de lo obvio.

 Oh, pero estoy rodeado de gente así. Casi todo el mundo diría que es así. Hay personas que no, pero tengo la terrible virtud de toparme de frente con las que si que lo son.

 Claro, las palabras son fáciles, pero cuando me pongo delante de una puerta para proteger a un amigo, aunque las lenguas profieren afiladas palabras contra mí, ninguna mano se atreve a tocar el tirador. Porqué será. Quizá porque saben que hablando sus lenguas se encuentran a suficiente distancia de mí. Si una mano tocase el tirador sin embargo, a lo mejor perdería dedos. Ese hecho inequívoco, gente increpando a distancia, me dice que en el fondo no hay valentía verdadera.

 ¿Pero como va a existir valentía? No hay valentía en un zorro que ha perdido su madriguera y se afana por recuperarla. Sólo hay miedo. Miedo de perder aquello que sabes que ya no depende de ti. Es por eso que me gusta jugar en campo ajeno, porque de este modo no es en tu casa donde se libra la batalla, sino en la casa de tu enemigo. Y si hay destrozos, no serás tu quien tenga que repararlos.

 Me fastidia que me echen en cara ciertas cosas claro que sí. ¿Cómo no te va a molestar que te digan "yo he hecho mas que tu por tu amigo"? Claro que has hecho más que yo, pero dime en que momento he tenido yo las mismas oportunidades que tú de ayudarle. Tu, que convives con él. Yo, que ni siquiera lo veo a diario. Claro que tu lo has hecho, pero la cuestión es... ¿Cómo te atreves a afirmar que si yo hubiese estado en tu lugar no habría hecho lo mismo o más por el?


 Es mi eterno dilema ahora sí, querido lector. Hay muchas cosas que me habría gustado hacer y nunca he hecho. Experiencias que he perdido. O mejor dicho, que nunca tuve. Y aún asi, he conseguido sacar lo mismo que otros que han tenido más ventajas que yo, más suerte que yo.

 ¿Quién tiene más mérito, el que sabe aprovechar las oportunidades que le surgen o el que pone todo de su parte para crear esas oportunidades que nunca le llegarían de otro modo?


 Para mí la respuesta está clara. Pero eso sí, todo depende de TU punto de vista...